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En el término municipal de Santa Bárbara de Casa (Huelva), las tierras de la dehesa "Dos Hermanas" se extienden onduladas, suaves, verdes, pacíficas, bajo copudas encinas, muy cerquita de la cabeza de Andévalo, que emerge soberana sobre un extenso territorio circundante a quien presta su topónimo: Campo de Andévalo.
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El visitante interesado percibe múltiples tonalidades de verde,
parejas a la orgullosa guía turística gallega que habla hasta de
veintisiete matices.
En esta cabeza se levantó una ciudad "segregada de moros" y sus últimos señores, Hermanos
Maomillos, se retiraban a su alcazaba tras las luchas con los freires templarios de la Alcaria de la Vaca, en tierras de la actual Puebla de Guzmán (RICO ROMERO, J. 1997).
La Sierra de Aracena y Picos de Aroche cierra el horizonte de la
dehesa por el norte, templando los fríos vientos norteños del
invierno y favoreciendo el crecimiento vegetal en esta época.

Hacia el sur, invisible en la distancia y presente en las suaves mareas del
verano con olor a sal y humedad marina, el mar.
En el poniente, el pueblecito de Santa Bárbara de Casa.
La intervención humana y la tecnificación se adivinan enseguida y potentes
sistemas de riego dispersan el agua en la tierra sembrada. Mas no se altera
el proceso biológico de siglos y, al compás, se trasiega con la
pluviometría abundante que produce pastos espontáneos y bellotas
que desde siempre han servido de alimento a los rebaños de ovejas.
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